La economía de Concepción de la Sierra atraviesa un punto complicado. El intendente Hugo Humeniuk definió como “caótica” la situación del sector yerbatero, eje productivo del municipio, y sostuvo que hoy “no cierran los costos” ni para productores ni para prestadores de servicios. El diagnóstico expone una cadena en tensión, con precios por debajo de los niveles necesarios y un esquema de trabajo que, según describió, “subsidiando la actividad”.
Humeniuk, con trayectoria directa en el rubro, detalló que los prestadores cobran alrededor de 150 pesos por unidad de trabajo cuando deberían percibir entre 180 y 190. Ese desfase erosiona la rentabilidad y empuja a una lógica de subsistencia. “Se trabaja por mantener la chacra”, sintetizó durante una entrevista con Ariel Sayas para Canal 4 Posadas. En ese contexto, varios colonos evalúan suspender la cosecha y sostenerse con producciones de autoconsumo hasta que cambien las condiciones del mercado.
El jefe comunal anticipó un posible impacto adicional por factores climáticos. La expectativa de un evento de El Niño podría reducir los volúmenes de cosecha, lo que abre un escenario de menor oferta. En paralelo, crece el malestar dentro del sector y se reconfiguran las estrategias de protesta.
En ese punto, Humeniuk respaldó la implementación de un paro yerbatero, pero con una modalidad distinta a la aplicada en años anteriores. Propuso interrupciones parciales durante los meses de mayor cosecha —entre abril y agosto— con cortes de una semana por mes. El objetivo, explicó, consiste en presionar sobre la cadena sin romper el circuito de pagos ni afectar de manera total a cosecheros y contratistas. “Parar en la safriña no tiene impacto; hay que hacerlo cuando se mueve el volumen fuerte”, afirmó.
La entrevista también derivó en el plano político. El intendente relativizó la idea de un respaldo homogéneo del sector yerbatero a las políticas desregulatorias nacionales y reconoció un “desencanto” creciente. Sin embargo, señaló que ese malestar no se traduce aún en una alternativa clara. “Nadie ve algo enfrente por ahora”, indicó.
El deterioro de la actividad repercute de manera directa en las finanzas municipales. Humeniuk expuso un dato central: en una localidad de unos 9.000 habitantes, la deuda acumulada de contribuyentes alcanza los 1.600 millones de pesos. La cifra equivale, según precisó, a casi la totalidad de la masa salarial de una gestión completa. La falta de pago de tasas limita la capacidad operativa del municipio y obliga a sostener servicios con recursos ajustados y alta dependencia de la coparticipación.
El intendente planteó un cambio de enfoque en la administración local. Cuestionó la lógica histórica de “gestionar” en base a transferencias provinciales o nacionales y propuso fortalecer la recaudación propia como condición para ejecutar obras y servicios. “Alguien tiene que romper esa inercia”, sostuvo.
En infraestructura, aseguró que el mantenimiento de caminos vecinales se mantiene “dentro de todo bien”, aunque condicionado por factores climáticos y limitaciones operativas. Reconoció demoras puntuales por lluvias y roturas de maquinaria.
Sobre el cierre, Humeniuk confirmó que buscará la reelección. Argumentó que los primeros años de gestión se concentraron en ordenar la administración y que necesita un nuevo período para consolidar ese proceso. “La promesa fue ordenar el pueblo”, afirmó. También rechazó críticas de sectores opositores sobre una supuesta falta de política social y aseguró que el municipio sostiene asistencia con recursos escasos en alimentos, medicamentos y materiales básicos.
El cuadro que traza el intendente combina tres vectores: una economía regional en crisis, un tejido social bajo presión y un municipio con recaudación débil. La evolución de la cosecha y la dinámica de la protesta yerbatera marcarán el pulso inmediato en una de las zonas productivas más sensibles de Misiones.










