El presidente Javier Milei quiere convertir la relación con Donald Trump en un puente directo hacia beneficios concretos para los argentinos. Este lunes, en la Casa Rosada, recibirá a Kristi Noem, actual secretaria de Seguridad Nacional de EE.UU. y figura emblemática de la nueva avanzada republicana. En la agenda figura un anuncio que apunta al bolsillo y al orgullo de la clase media viajera: el inicio del proceso para que Argentina se incorpore al Programa de Exención de Visas.
El objetivo es permitir que los argentinos puedan ingresar a Estados Unidos sin necesidad de visado, para estadías de hasta 90 días por turismo o negocios. La medida fue una realidad durante la era menemista, pero fue suspendida en 2002, en plena crisis económica. Ahora, Milei busca reflotarla como parte de una estrategia de acercamiento con el trumpismo.
Según trascendió, el acuerdo inicial establecería también la posibilidad de realizar trámites migratorios y de Aduana en territorio argentino, antes de abordar el avión, lo que aliviaría tiempos de espera y simplificaría ingresos.
Pero no será inmediato. El proceso es largo y estará sujeto a rigurosas auditorías de seguridad por parte de Washington. Aún así, desde el Gobierno aseguran que la “decisión política ya está tomada”.
Noem, conocida por su discurso antimigratorio y por sus polémicas medidas como gobernadora de Dakota del Sur, representa fielmente la línea dura de Trump. En sus últimos spots, incluso instó a los inmigrantes ilegales a “autodeportarse”. Hoy compartirá agenda con la ministra Patricia Bullrich y luego verá a Milei en su despacho.
La exgobernadora integra la comitiva republicana que, en las últimas semanas, desfiló por Buenos Aires como muestra de respaldo a la administración libertaria. Ya lo hicieron Alvin Holsey (Comando Sur), Robert F. Kennedy Jr. (Salud), y el embajador Peter Lamelas, quien generó ruido interno al proponer intervenir provincias para cortar vínculos con China.
El ingreso al Programa de Exención de Visas es, para Milei, una jugada de alto impacto simbólico y electoral. Pero también marca un nuevo paso en su alineamiento geopolítico, con un dato no menor: en medio de un año electoral argentino y norteamericano.










