En una entrevista en Vistazo del 4, cargada de memoria y testimonio, Rulo Báez evocó la figura del obispo Jorge Kemerer y su valiente compromiso durante la última dictadura militar en Argentina. Destacó que Kemerer fue uno de los pocos referentes de la Iglesia que se puso del lado de los derechos humanos, visitando detenidos políticos en cárceles de todo el país y sufriendo humillaciones por parte del aparato represivo.
“Kemerer abrazó la doctrina social de la Iglesia después del Concilio Vaticano II”, recordó Báez, y remarcó que el obispo era vecino de varios militantes que fueron luego secuestrados en 1976. Pese a la persecución, Kemerer continuó asistiendo espiritualmente a los presos y abrió las puertas de la catedral para proteger a los perseguidos.
El testimonio también recupera el apoyo de Kemerer a pequeños productores agrarios, su vínculo con las Ligas Agrarias y los ataques al obispado tras el golpe militar. Tres sacerdotes de su diócesis estuvieron detenidos ilegalmente: José Czerepak, Silvio Liuzzi y Hugo Mathot.
Báez también rememoró que los institutos fundados por Kemerer, como el Montoya, fueron señalados por los militares como “nidos de subversión”, y que varios de sus egresados fueron desaparecidos o asesinados. Uno de los momentos más relevantes fue su participación en la denuncia internacional que encabezó junto a otros obispos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1977. “Muchos de nosotros estamos vivos gracias a esa gestión”, aseguró.
El testimonio de Báez resalta la coherencia y el coraje de Kemerer, en contraste con otros sectores de la Iglesia que, según dijo, “bendecían las picanas”. Su legado permanece como ejemplo de una Iglesia comprometida con la dignidad humana y la justicia.












