En una entrevista con el empresario del sector cárnico, Abel Motte, se confirmó una de las postales más crudas de la crisis económica en la mesa argentina: el consumo de carne cayó entre un 30% y un 40% respecto de 2023, y los asados, símbolo por excelencia de la cultura nacional, se consumen un 90% menos que hace veinte años.
Motte explicó que la caída no se debe al precio de la carne en sí —que se ha mantenido relativamente estable—, sino al encarecimiento del resto de los productos de la canasta básica, que obliga a las familias a priorizar otros gastos. “Hoy lamentablemente el consumo lo mide la disponibilidad de la billetera”, resumió durante una entrevista en Vistazo del 4.
En ese contexto, los consumidores reemplazan cortes tradicionales como la chuleta de ternera, que ronda los 10.000 pesos, por opciones más económicas como la chuleta de cerdo (6.000 pesos) o incluso el cuarto de pollo, que se consigue entre 3.200 y 3.300 pesos el kilo.
La inflación constante, el encarecimiento de servicios como las obras sociales y los bajos ingresos de la mayoría de los argentinos se combinan para reducir drásticamente la demanda. Incluso cortes populares como el churrasco han caído en ventas. En contraste, el puchero, sobre todo de cerdo, se volvió una opción cada vez más elegida, especialmente en invierno.
Motte también se refirió a la situación sanitaria del sector y denunció prácticas alarmantes: “Lo que no se puede vender se debería tirar. Pero conozco casos en que lavan la carne con lavandina para disimular su estado. Es una vergüenza”. Según señaló, la falta de inspecciones en muchas carnicerías permite que esas irregularidades pasen desapercibidas, al tiempo que alertó sobre una evasión impositiva del 45% al 50% por falta de controles fiscales en el comercio minorista.
Ante esta situación, el empresario destacó algunos intentos del sector por contener el derrumbe, como el programa “La Hora Carne”, que ofrece descuentos del 10% en mostrador y otro 10% con tarjetas de débito de ciertos bancos. Además, volvieron los “bolsones económicos” y la venta por cuartos traseros y delanteros, una opción más accesible para las familias numerosas.
“Lo que más se vendía antes era lo que iba a la parrilla. Hoy eso bajó muchísimo. No porque no guste, sino porque no se puede pagar”, concluyó.










