La localidad de Comandante Andresito se convirtió en el epicentro de la producción yerbatera nacional. Con el molino más grande del país, procesa volúmenes récord mientras va transformando la cadena de valor del sector, beneficiando directamente a pequeños productores y cooperativas que históricamente dependían de intermediarios.
El complejo, en el norte misionero, tiene una capacidad actual de procesamiento de 10 millones de kilos anuales, con la proyección de llegar a 15 millones una vez que se completen los cinco depósitos adicionales en construcción. Además, cuenta con seis cámaras de estacionamiento acelerado que permiten tratar 1,2 millones de kilos en solo 90 días, un proceso que tradicionalmente demandaba 10 meses.
«Este molino les da a los productores la herramienta para vender su yerba directamente, desde la chacra hasta la góndola», dijo Julio Petterson, de la Asociación de Cultivadores de Yerba Mate del Norte (ACPYN).
Tecnología que marca la diferencia
El predio de cinco hectáreas está equipado con maquinaria de última generación, que incluyen ocho zarandas automatizadas para clasificar hojas, polvo y palo; seis blends diferentes que incluyen yerba en saquito y soluble, con triple control de calidad en laboratorio antes del envasado.
En el predio cuentam también con la primera báscula para bitren de la zona, lo que permitirá optimizar la logística, junto a un sistema de calderas y almacenamiento bajo techo asegura eficiencia energética, aunque aún faltan algunas habilitaciones finales, indicaron.
Misiones produce el 90% de la yerba mate nacional, pero históricamente los pequeños agricultores vendían su cosecha a granel y a bajo precio por falta de infraestructura propia. Este molino cambia las reglas del juego porque elimina intermediarios y permite a cooperativas crear sus propias marcas; aumenta la rentabilidad al agregar valor en origen; apuntan a mercados internacionales con productos de mayor calidad.
Con una línea de envasado actual de 10 millones de kilos (y posibilidad de duplicarla), el proyecto busca aumentar la producción, y diversificar la oferta para adaptarse a las demandas del consumidor. «Es un molino de alta tecnología que puede ajustarse al gusto del mercado», explicó Petterson.
El objetivo final es claro, sostienen, ya que buscan posicionar a la yerba misionera como un producto premium, tanto en Argentina como en el exterior, mientras se garantiza un reparto más justo de las ganancias para quienes trabajan la tierra: desde el productor al tarefero.
Las proyecciones permiten imaginar una capacidad de estacionamiento de hasta 16 millones de kilos anuales, con un molino adaptable a las demandas del mercado. Así, Comandante Andresito expande la expansión de su planta de procesamiento, que incluye nuevas cámaras de estacionamiento, depósitos y tecnología de última generación para satisfacer la creciente demanda del sector.
Hoy, el predio cuenta con tres cámaras de estacionamiento de tres millones de kilos cada una (nueve millones en total); cinco depósitos en construcción, que sumarán 15 millones de kilos adicionales; seis cámaras de estacionamiento acelerado (200 mil kilos c/u), con una capacidad total de 1,2 millones de kilos.
«Con las cámaras aceleradas, las de rotación y los tres depósitos de estacionamiento seminatural (a 12 meses), hoy podemos estacionar entre 15 y 16 millones de kilos anuales», explicó. Además, adelantó que, una vez finalizadas las obras, la capacidad aumentará de manera significativa.
Respecto al procesamiento, el productor señaló que el molino actual tiene una capacidad de 10 millones de kilos anuales en empaquetado, pero con la incorporación de una segunda línea (actualmente en proyecto), esta cifra se duplicaría.
Con estas inversiones, a cargo del Gobierno de Misiones, el molino se posiciona como una de las más modernas de la región, combinando capacidad de almacenamiento, procesamiento eficiente y flexibilidad productiva. «Estamos preparados para responder a un mercado cada vez más exigente», concluyó.















