Este es un miércoles complicado para Javier Milei, que se recluyó en Bahía Blanca sin reunirse ni acercarse a los vecinos mientras la oposición logró el quórum para investigar la estafa con criptomonedas que impulsó el titular del ejecutivo nacional argentino. En las calles, se prepara una nueva marcha de jubilados, esta vez acompañada por hinchas de decenas de clubes del fútbol argentino, además de la CGT, y otros varios gremios.
A las 12.19, con 130 diputados y diputadas presentes, la Cámara baja consiguió quórum para la sesión especial de este miércoles, solicitada para impulsar el tratamiento de una serie de proyectos sobre el escándalo del criptogate que tiene al Presidente, Javier Milei, como protagonista.
El presidente Javier Milei viajó este miércoles a la mañana a la ciudad de Bahía Blanca para monitorear en el lugar la asistencia a las víctimas del devastador temporal que dejó al menos 16 muertos, millonarios daños materiales y centenares de personas sin hogar.
El viaje del mandatario se realizó con una comitiva reducida. Lo acompañaron la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; la ministra de Seguridad Nacional, Patricia Bullrich; y el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y sin presencia de cámaras. En la ciudad bonaerense, Milei y sus acompañantes se reunieron con el titular de Defensa, Luis Petri, quien permenece en el lugar desde el fin de semana para coordinar las tareas de emergencia, y con el intendente bahiense, Federico Susbielles.
La nota de María Cafferata para El Diario Ar da cuenta que los opositores consiguieron finalmente quórum, que era fácil en la previa. Juntaron 129 bancas, lo justo, para abrir la sesión y obligar al oficialismo y sus aliados a hablar del tema. Además del cripto-escándalo en el temario hay un punto que todo el recinto debería mostrarse de acuerdo: un proyecto que declare la emergencia en Bahía Blanca tras el desastre.
Las presiones de la Casa Rosada se habían insensificado en las últimas horas y derivaron en que casi todos los gobernadores definieran “bajar” a sus diputados. La oposición sabe que no podía contar ni con Martín Llaryora (Córdoba), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Manuel Orrego (San Juan), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Hugo Passalacqua (Misiones) ni Gustavo Sáenz (Salta). Tampoco con los gobernadores radicales, lo que significó que, pese a las presiones internas de Karina Banfi y Fabio Quetglas para tratar el proyecto de Bahía Blanca, la inmensa mayoría del bloque que preside Rodrigo de Loredo se ausentó.
Detrás del poroteo para el quórum estuvieron el radical Pablo Juliano y el pichettista Oscar Agost Carreño. El grueso del número para poder sesionar lo puso el peronismo, que tuvo presencia casi perfecta, pese a algunas ausencias. Los gobernadores de Catamarca, Raúl Jalil, y de Santiago del Estero, Raúl Jalil, finalmente, no se alinearon con las presiones del Gobierno: a diferencia de lo que ocurrió en la última sesión, cuando se rebelaron ante la jefatura de Germán Martínez, la mayoría de los diputados catamarqueños y santiagueños bajaron a dar el presente.
El quórum se completó, luego, con la Coalición Cívica, el FIT y los diputados de los dos bloques impulsores de la sesión: Encuentro Federal y Democracia Para Siempre. Hubo, sin embargo, algunas ausencias, todas vinculadas a la influencia de los gobernadores. Este fue el caso de radicales como Marcela Antola y Melina Goirgi. En el caso de EF, mientras tanto, se ausentaron los cordobeses que responden a Llaryora y el entrerriano Francisco Morchio.
Buscan citar a Karina y crear una comisión investigadora
El objetivo más ambicioso de la sesión de este miércoles será conseguir la interpelación de la secretaria de la Presidencia para que brinde explicaciones sobre su responsabilidad en el escándalo $LIBRA. El trader Hayden Davis, la cara visible de la operación con la criptomoneda que derivó en una megastafa, llegó a sugerir que le había pagado coimas a Karina. “Le mando $$ a su hermana y él firma lo que quiero”, escribió, en uno de los mensajes que fueron filtrados por un medio especializado.
Lo máximo a lo cual puede aspirar la oposición, sin embargo, es a emplazar la comisión de Asuntos Constitucionales para que debate el proyecto de interpelación de Karina. Lo mismo con el caso de la comisión investigadora y el resto de los proyectos. Es decir que no buscará aprobar los proyectos, ya que para eso se necesitan dos tercios del recinto (porque no tienen dictamen), sino forzarle al oficialismo un cronograma de tratamiento de las iniciativas que refieren al caso $LIBRA.
Si bien el riesgo de que la citen a Karina no es inminente —la mayoría sospecha, incluso, que la secretaria rechazará asistir aunque la obliguen—, el oficialismo está nervioso. En los últimos días, Martín Menem estuvo llamando intensamente a los principales armadores de la sesión, reclamándoles ayuda para bajarla.
“Bueno, ¿qué hacemos?”, manifestaba, enojado, nervioso, el presidente de la Cámara de Diputados, exigiendo un compromiso. Durante un tiempo, la oposición más dialoguista barajó un Plan B y le propuso al Ejecutivo bajar la sesión a cambio de que enviase a Guillermo Francos a dar explicaciones sobre el caso $LIBRA en el Congreso. El Gobierno, sin embargo, se resistía: solo estaban dispuestos a habilitar que Francos fuera a Diputados a dar un informe de gestión, en calidad de jefe de Gabinete, y responder dos o tres preguntas específicas sobre el criptogate. No hubo acuerdo, y Menem comenzó a ponerse nervioso.
Mientras más nervioso se ponía Menem, más se entusiasmaban en la oposición. Hasta tarde a la noche de este martes los teléfonos nunca pararon de sonar y, con cada reclamo, los armadores de la sesión se ilusionaban. Aunque, en el fondo, siempre había una cuota de escepticismo. La sospecha, siempre presente, de que el Ejecutivo lograse negociar, a último momento, con dos o tres diputados y la sesión fracasase. Finalmente, la oposición logró sortear el blindaje que Javier Milei supo construir en la Cámara de Diputados.










