Durante la última semana del año, el centro de frontera de Puerto Iguazú se vio colapsado por el intenso flujo de turistas y vecinos que buscan cruzar a Brasil, provocando esperas de más de tres horas y filas que superan los 4 kilómetros. El puente Tancredo Neves, principal vía de conexión con Foz de Iguazú, registró un notable incremento en la cantidad de vehículos, impulsado por turistas que planean vacacionar en las playas brasileñas o alojarse del otro lado de la frontera.
Los automovilistas particulares enfrentan las mayores dificultades, mientras que agencias de turismo, taxistas y transporte público cuentan con carriles preferenciales, agilizando su paso. A pesar de que el aumento en el tránsito es una postal recurrente durante esta época, en esta oportunidad se destaca una mayor afluencia, reflejo del atractivo que representa Brasil durante el verano.
Aunque la Dirección de Migraciones anunció refuerzos en los principales puntos turísticos, las demoras persisten, generando congestión en la frontera. Mientras tanto, otros pasos como el de Bernardo de Irigoyen-Dionisio Cerqueira logran dinamizar el tránsito gracias a medidas preventivas y la apertura de Paso Rosales, que ayuda a descongestionar la zona.










