El precio de los combustibles volvió a subir y consolidó una tendencia que se sostiene desde comienzos de año. En Posadas, los nuevos valores en surtidores de YPF empujan el costo de llenar un tanque por encima de los $130 mil, con efecto inmediato sobre el gasto cotidiano y la dinámica económica local.
La nafta súper se comercializa a $2.190 por litro, mientras que la Infinia alcanza los $2.386. Con esos precios, cargar un tanque promedio de 55 litros exige $120.450 en el caso del producto base y $131.230 para la versión premium. La referencia expone el salto acumulado en pocas semanas y marca un umbral que condiciona decisiones de consumo.
El movimiento se produce antes de que venza el plazo de 45 días de estabilidad anunciado por la petrolera a inicios de abril. La empresa había condicionado ese esquema a la evolución del tipo de cambio, la carga impositiva y los costos de producción. La actualización reciente confirma que esas variables ya incidieron sobre la estructura de precios.
El impacto se proyecta más allá del surtidor. El combustible incide en toda la cadena de costos: transporte de mercaderías, logística de distribución, tarifas y servicios. Cada ajuste se traslada de forma progresiva a precios finales y amplifica la presión inflacionaria, con especial sensibilidad en economías periféricas como Misiones, donde el componente logístico tiene mayor peso.
En paralelo, el consumo muestra señales de retracción. Datos oficiales del sector indican que las ventas de combustibles cayeron en marzo en términos interanuales. En Misiones, la baja superó el 10%, un registro que refleja el ajuste del gasto en movilidad y actividad productiva. La combinación de precios en alza y demanda en descenso configura un escenario contractivo para el mercado interno.










