Lionel Messi anunció el final de su carrera con la camiseta argentina después de 21 años, 207 partidos y 125 goles. Se va como campeón del mundo, bicampeón de América y máximo goleador y jugador con más presencias en la historia del seleccionado. Para quienes tuvieron la posibilidad de verlo en una cancha, la despedida también transforma aquellos partidos en recuerdos de una época que ya terminó.
Lionel Messi anunció este lunes su retiro de la Selección argentina y puso punto final a una historia que comenzó hace más de dos décadas, atravesó derrotas que parecían capaces de marcar para siempre su relación con el público argentino y terminó convertida en una de las trayectorias más extraordinarias de la historia del fútbol. A los 39 años, después de disputar su sexto Mundial y de perder la final de 2026 ante España, el capitán decidió cerrar su ciclo internacional y explicó que ya no tiene más para dar.
La decisión, según contó el propio Messi, estaba tomada desde poco después de aquella final. Escribió la carta de despedida el 21 de julio, dos días después de la derrota ante España, pero esperó para hacerla pública. La muerte de su padre, Jorge Messi, ocurrida el 8 de agosto, terminó de confirmar una decisión que el futbolista ya había madurado. “Queda poco y se van cerrando etapas y esta es una que me duele mucho”, escribió en el mensaje que publicó en sus redes sociales.
La frase que resume la despedida es también una síntesis de la transformación que atravesó durante estos años: “Me vacié, ya no tengo más para dar y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar”. Messi se va dejando espacio para una nueva generación y con la tranquilidad de haber completado una historia que durante mucho tiempo pareció destinada a terminar de otra manera.
El gobernador Hugo Passalacqua saludó y agradeció al capital del seleccionado argentino de fútbol por las alegrías. «Gracias, Leo, por tantas alegrías con nuestra camiseta. Por cada gol, cada partido y cada momento que nos hizo sentir orgullosos de nuestra Selección. «Nos regalaste muchísimo más que fútbol y haber podido verte hacer historia fue un privilegio enorme. Gracias, capitán
«, posteó en sus redes sociales..

La relación de Messi con la Selección tuvo, durante buena parte del recorrido, una tensión que hoy parece difícil de imaginar. Messi debutó en la mayor en 2005, cuando todavía era un adolescente que comenzaba a convertirse en figura del Barcelona, y durante años debió convivir con una exigencia que excedía sus actuaciones: ganar con Argentina y demostrar que podía ocupar un lugar entre los grandes de la historia del seleccionado.
Las derrotas hicieron más pesada esa carga. Perdió las finales de la Copa América 2007, 2015 y 2016 y la del Mundial de Brasil 2014. Después de la derrota ante Chile en la Copa América Centenario, incluso anunció su retiro de la Selección, una decisión que duró apenas 66 días. Volvió para jugar las Eliminatorias y continuó persiguiendo el título que parecía resistírsele. Diez años después, el mismo escenario de aquella final perdida en 2016 fue el lugar en el que disputó la final del Mundial 2026 frente a España y cerró definitivamente su ciclo. FIFA describió esa coincidencia como el cierre de un círculo iniciado una década atrás.
La historia cambió en 2021. El título de la Copa América en Brasil significó el primer gran trofeo de Messi con la Selección mayor y modificó la relación con el público. Al año siguiente llegó la Finalissima y, en diciembre de 2022, el Mundial de Qatar. La Copa América 2024 completó una secuencia que convirtió a aquella generación dirigida por Lionel Scaloni en una de las más exitosas de la historia argentina. En 2026, Messi volvió a llevar al equipo hasta una final mundialista, aunque esta vez España se quedó con el título.
Por eso su despedida no puede explicarse solamente mediante los números, aunque los números sean extraordinarios. Messi termina su recorrido con 207 partidos y 125 goles con Argentina, récords históricos del seleccionado. Ganó la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar y la Copa América 2024, además del Mundial Sub-20 de 2005 y la medalla de oro olímpica de 2008.
Pero hay otra dimensión que las estadísticas no alcanzan a registrar: la cantidad de personas que atravesaron una parte considerable de sus vidas viendo jugar a Messi.
Para una generación completa, el 10 estuvo siempre ahí. Primero apareció como aquel adolescente que irrumpía en Barcelona y que parecía capaz de hacer con una pelota cosas que no respondían a las reglas habituales del juego. Después llegó la discusión inevitable sobre Maradona y Cristiano Ronaldo, las madrugadas para seguir los partidos del Barcelona, las convocatorias de la Selección y la expectativa renovada cada vez que Argentina afrontaba una competencia importante.
Con el paso de los años, Messi dejó de ser solamente un futbolista extraordinario para convertirse en una referencia temporal. Su carrera permite medir una época. Quienes hoy tienen treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta años pueden recordar dónde estaban durante determinados partidos, qué estaban haciendo cuando Argentina perdió una final o cómo vivieron el momento en que finalmente levantó la Copa del Mundo. Su trayectoria se mezcló con la memoria cotidiana de millones de argentinos.
También hubo quienes tuvieron la posibilidad de verlo de cerca.
En 2025, durante el partido entre Argentina y Colombia por las Eliminatorias, un grupo de periodistas pudo seguir desde el campo de juego una de esas noches en las que la presencia de Messi modificaba la atención de todo el estadio. El resultado fue un empate 1-1, pero la escena alrededor del capitán tuvo un peso propio: el Monumental lleno, las camisetas con el número 10, la expectativa durante cada pelota detenida y esa particular sensación de que, aun cuando el partido no ofreciera un espectáculo extraordinario, siempre había algo que mirar cuando Messi estaba cerca de la pelota.
Meses después, en el partido frente a Venezuela, la experiencia fue diferente. Esta vez desde las tribunas, como un hincha más, quienes estuvieron allí asistieron a una noche que adquirió con el tiempo un carácter de despedida. Messi convirtió dos goles en el triunfo argentino por 3-0 y recibió una ovación que condensó la relación construida durante años entre el jugador y el público. En aquel momento todavía quedaba el Mundial 2026 y nadie podía saber con certeza que aquella escena terminaría siendo uno de los últimos grandes recuerdos de Messi con la camiseta argentina.
Ahora esa memoria tiene otro significado.
Porque las despedidas tienen una característica particular: modifican el valor de lo que ocurrió antes. Aquella entrada en calor, aquel córner, aquel gol, aquella ovación o incluso aquel saludo fugaz después de un partido se vuelven parte de una historia que ya no puede repetirse. Messi seguirá jugando al fútbol, pero ya no volverá a entrar a una cancha con la camiseta argentina en un partido oficial.
La Selección continuará sin él. Aparecerán nuevos jugadores, nuevos referentes y probablemente otro futbolista llevará algún día la camiseta número 10. También habrá otra generación que discutirá quién fue el mejor y que construirá sus propias referencias. El fútbol siempre encuentra la manera de continuar después de sus grandes protagonistas.
Lo que no podrá repetirse es la experiencia de haber vivido durante más de veinte años la carrera de Messi mientras sucedía. Haberlo visto pasar de aquel juvenil que buscaba su lugar en la Selección al capitán que levantó la Copa del Mundo. Haber atravesado con él las derrotas, las críticas, el retiro que duró apenas unas semanas, la redención de 2021, la consagración de Qatar, el título continental de 2024 y finalmente una nueva final mundialista.
Messi se retira de la Selección sin cerrar su historia con una última copa. Pero tampoco la necesita. Su lugar quedó construido mucho antes del anuncio de este lunes. Se va como el máximo goleador y el jugador con más presencias del seleccionado, como campeón del mundo y como capitán de una generación que consiguió devolverle a la camiseta argentina una dimensión que durante años parecía perdida.
Y queda, para quienes lo vieron jugar, una certeza sencilla: algún día las nuevas generaciones conocerán a Messi a través de videos, fotografías, estadísticas y relatos. Quienes lo vieron en una cancha tendrán otra cosa. La memoria de haber estado allí mientras ocurría.
Ustedes, nosotros, fuimos contemporáneos de Messi.
Esa condición, que durante tantos años pareció algo cotidiano, desde hoy empieza a convertirse en parte de la historia.













