Tras diez días de misión la tripulación de Artemis II inició un proceso de readaptación a la vida en la Tierra luego del sobrevuelo de la Luna a bordo de la nave Orión. Los astronautas describieron cambios en sus rutinas y sensaciones físicas tras el regreso.
A más de 50 años de las misiones del programa Apolo la nueva travesía marcó un hito en la exploración espacial aunque sin alunizaje. Desde la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) indicaron que el objetivo de llevar humanos nuevamente a la superficie lunar es cada vez más cercana.
La misión estuvo integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen quienes alcanzaron una distancia récord para una misión tripulada. A su regreso el equipo se sometió a controles médicos y evaluaciones para analizar los efectos del viaje.
En ese contexto Koch señaló que durante los primeros días experimentó sensaciones asociadas a la microgravedad. “Al despertar creía que flotaba en el espacio y debía recordarme que ya estaba en la Tierra”, relató. La astronauta comparó la experiencia con su estadía previa en la Estación Espacial Internacional y destacó diferencias en la readaptación.
Por su parte Wiseman detalló algunos incidentes técnicos durante el vuelo entre ellos una fuga en el sistema de presión de combustible, fallas en el inodoro y problemas intermitentes con un detector de humo. El comandante explicó que la situación generó tensión momentánea aunque la tripulación logró resolver los inconvenientes tras una evaluación de los sistemas.
A pesar de estos episodios los astronautas valoraron el desempeño de la nave y consideraron que el diseño resulta sólido con margen para mejoras. En esa línea remarcaron que la experiencia obtenida en Artemis II aporta información clave para futuras misiones del programa, entre ellas Artemis III, que prevé el regreso de humanos a la superficie lunar.









