El cantautor nacido en Italia construyó en la Argentina una obra que reunió los vínculos familiares y el compromiso político. Su trabajo con José Tcherkaski dejó canciones como “Mi viejo”, “Coplas de mi país” y “Para el pueblo lo que es del pueblo”. El exilio interrumpió su carrera, que también incluyó música para las infancias.
Piero De Benedictis murió este miércoles 7 de octubre a los 81 años. Varios medios porteños informaron que falleció por la mañana, después de permanecer varios días internado en el Hospital Italiano de Buenos Aires. El medio chileno Sabes reprodujo un mensaje de despedida de su familia y amigos, publicado en la cuenta del cantante. La información consultada hasta el cierre de esta nota no precisó la causa de su muerte.
Su trayectoria reunió canciones que abordaron la intimidad familiar con otras que expresaron demandas políticas y sociales. “Mi viejo”, editada en 1969, ocupó un lugar central en ese repertorio y llevó su voz por América Latina. Pero la obra compartida con el escritor y periodista José Tcherkaski también incluyó “Coplas de mi país”, “Para el pueblo lo que es del pueblo” y “Que se vayan ellos”: composiciones que ampliaron el registro de aquella primera balada hacia la canción de protesta.
Nació el 19 de abril de 1945 en Galípoli, Italia, y llegó a la Argentina durante su infancia. Su familia vivió en Banfield y después se trasladó a Allen, en Río Negro, donde cursó la escuela primaria. Comenzó con canciones melódicas en italiano, pasó por el seminario y abandonó esa formación antes de dedicarse profesionalmente a la música. En 1964 debutó en televisión.
Esos primeros años conservaron un lugar en sus recuerdos. En una entrevista con el diario La Unión, contó que su padre, Lino, tenía un negocio de radios y tocadiscos en Banfield. Un robo y la propuesta de un amigo lo llevaron a empezar otra vez en Río Negro. Al recordar la etapa anterior al viaje desde Italia, Piero relató que preguntaba por su padre y su madre le explicaba el recorrido hasta América: el tren a Génova y después el barco hacia Buenos Aires.
Los dos padres de “Mi viejo”
La historia de su canción más conocida exige recuperar a sus dos autores. José Tcherkaski escribió la letra; Piero compuso la música y la interpretó. La dupla comenzó a trabajar en 1968 y al año siguiente publicó el tema que cambió sus carreras.
Tcherkaski encontró parte de esa letra en el recuerdo de Mario, su padre, quien murió cuando él tenía 14 años. En una entrevista con La Nación describió a un inmigrante ruso que trabajaba como vendedor ambulante de sábanas en Buenos Aires y conservaba una relación intensa con la lectura. Recordó también su influencia en el acercamiento a la literatura y al teatro. Detrás de la canción había una historia familiar concreta, atravesada por la migración y una muerte temprana.
Piero aportó otro recuerdo. En una entrevista con la revista Bocas, de El Tiempo, contó que ambos conversaban sobre sus padres mientras buscaban la forma de la canción. El de José ya había muerto; el suyo tenía 48 años. Cuando terminaron, quiso cantársela a Lino y fue a su casa para conocer su reacción.
Años después reconstruyó la escena en Radio Nacional: tomó la guitarra, empezó a cantar y vio llorar a su padre. La emoción terminó con una protesta de Lino por la lentitud que le atribuía la letra, una respuesta que el músico recordaba entre risas. El relato conservó algo que también explica la cercanía de la canción: el afecto entre un padre y un hijo podía convivir con el humor y con las diferencias entre ambos.
El reconocimiento llegó después de varios rechazos discográficos, según contó Tcherkaski. CBS encontró una oportunidad para lanzar el tema alrededor del Día del Padre y la canción comenzó a circular. Décadas más tarde, otros intérpretes —entre ellos Leo Dan, Nicola Di Bari y Leo Mattioli— incorporaron “Mi viejo” a sus repertorios.
La canción política, el exilio y las infancias
La colaboración entre Piero y José sostuvo también el repertorio social del cantante. “Pedro Nadie”, “Juan Boliche” y “Coplas de mi país” expresaron esa sensibilidad hacia las vidas comunes, mientras “Para el pueblo lo que es del pueblo” quedó entre sus composiciones más reconocidas. La Fundación Konex distinguió a Piero en 1985 y destacó esa dimensión de su obra.
La persecución política interrumpió su actividad en la Argentina. Se exilió en España y regresó en 1981, según la cronología de CMTV. En una entrevista publicada por El Espectador en mayo de 2026, el propio músico recordó amenazas contra su vida y sostuvo que habían quemado las matrices de sus discos. Su testimonio vinculó la salida del país con la violencia que enfrentaron artistas durante aquellos años.
En esa conversación volvió sobre “Sinfonía inconclusa en la mar”, el trabajo que acercó su música a las infancias. Explicó que Alejandro Mayol, sacerdote de la corriente tercermundista, escribió la mayoría de los temas y que habían intentado crear una obra que pudiera escapar de las prohibiciones. Según Piero, incluso esas canciones despertaron sospechas entre quienes buscaban mensajes políticos cifrados.
Después del regreso publicó “Calor humano”, grabado en vivo en el Teatro Fénix. Su actividad también incluyó la Fundación Buenas Ondas, dedicada a proyectos vinculados con la niñez, y una relación sostenida con Colombia, país que le otorgó la nacionalidad en 1996.
Al hablar de “Sinfonía inconclusa en la mar” en aquella entrevista de 2026, Piero la identificó como su disco más vendido y recordó los testimonios de familias que habían encontrado compañía en sus canciones. Ese recuerdo permite mirar una trayectoria más amplia que sus éxitos iniciales: junto al intérprete de la protesta política estuvo el músico que cantó para los chicos y el hijo que, después de terminar una canción, quiso llevarla a su casa para escuchar qué decía su padre.












