Finalizó el segundo, y último día, de la cumbre del G20 en Río de Janeiro, con la lucha climática como protagonista, aunque sin compromisos concisos de los asistentes, más allá de las palabras.
Después del agitado primer día de sesiones, el segundo día de cumbre estuvo marcado por tensas negociaciones alrededor del medio ambiente y cuestionamientos desde Occidente por la ambigüedad de la declaración final respecto a la guerra en Ucrania.
El presidente brasileño y anfitrión de la cumbre, Luiz Inácio Lula da Silva, acaparó los micrófonos durante el último día de negociaciones, pidiendo compromiso a los países más poderosos dentro del grupo para llegar a las metas ambientales planteadas en textos como el Acuerdo de París, además de emitir un llamado de esperanza para que las conversaciones generadas tras la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29) sobre el clima lleguen a un buen puerto.
Durante la COP29 en Bakú, Azerbaiyán, los países del sur global han pedido a las naciones desarrolladas que aumenten la meta de financiación climática a los 1.300 millones de dólares anuales, lo que ha generado un proceso tenso de negociación que tiene como fecha límite el próximo 22 de noviembre.










