La caída de la recaudación fiscal preocupa tanto a los mercados y a las provincias como al equipo del Palacio de Hacienda, que considera que la solvencia de las cuentas públicas es el «escudo» para enfrentar una potencial crisis derivada de la guerra en Irán.
Este año, además, el Gobierno tiene asumido el compromiso con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de presentar un proyecto de reforma tributaria, uno de cuyos objetivos será eliminar impuestos distorsivos, como Ingresos Brutos, además de simplificar el sistema.
No es el mejor contexto el actual para iniciar ese debate. El ministro de Economía, Luis Caputo, sabe que la baja de la recaudación es importante y que se trata del punto débil del programa fiscal, según lo que ha dicho en declaraciones públicas recientes, en las que admite que los ingresos de la ARCA tienen que mejorar.
En ese sentido, un reporte que presentó el diputado de Unión por la Patria y extitular de la Aduana, Guillermo Michel, indica que en los primeros dos meses de 2026 la recaudación fiscal alcanzó los $34,56 billones. De ellos, el 37% ($12,9 billones) quedaron en la Administración Nacional y 32% ($11,1 billones) fluyó hacia las provincias.
Las contribuciones a la Seguridad Social se quedaron con el 27% ($9,3 billones), mientras que otros destinos no presupuestarios sumaron 3% ($1 billón).








