El presidente Javier Milei dirigió anoche una cadena nacional para presentar los lineamientos del esperado Proyecto de Ley de Presupuesto 2026, que será enviado al Congreso para su debate. El anuncio, cargado de un marcado tono proselitista a menos de seis semanas de las elecciones legislativas de octubre, combinó la reafirmación dogmática del superávit fiscal con concesiones presupuestarias a sectores claves que fueron epicentro del conflicto social.
El discurso del mandatario, grabado en la Casa Rosada y transmitido a las 21, operó en dos registros simultáneos. Por un lado, ratificó el núcleo duro de su programa económico: el “equilibrio fiscal como principio no negociable”, la crítica feroz al “déficit financiado con emisión” y la promesa de presentar “el menor nivel de gasto en relación al PBI de los últimos 30 años”.
Por el otro, y en lo que se lee como un reconocimiento tácito del revés electoral en la provincia de Buenos Aires, Milei anunció aumentos específicos por encima de la inflación proyectada para 2026:
-Salud: +17%
-Jubilaciones: +5%
-Universidades nacionales: 4,8 billones de pesos (aumento del 8% real)
-Pensiones por discapacidad: +5%
Estas partidas buscan descomprimir la presión de sectores que han manifestado abiertamente su descontento en las calles y en las aulas, y apuntan a mejorar la imagen del Gobierno de cara a la campaña.
Un guiño al diálogo y la oposición
El tono del Presidente mostró un ligero cambio de registro. Si bien mantuvo su retórica habitual contra “los alquimistas de la economía” del pasado, incorporó frases que invocan al consenso. Llamó a gobernadores y legisladores a “trabajar codo a codo” y enfatizó que el Presupuesto “busca el respaldo del Congreso”. Esta apertura, forzada por la necesidad de obtener los votos para su aprobación, contrasta con la prórroga del presupuesto de 2023 que usó el Gobierno para manejar las finanzas con mayor discrecionalidad durante sus primeros nueve meses.
Milei admitió un punto crucial para la percepción ciudadana: “Más allá del éxito que haya tenido nuestra gestión… entendemos que muchos aún no lo perciban en su realidad material”. Este reconocimiento de la brecha entre los indicadores macroeconómicos (baja de la inflación, superávit) y la economía cotidiana de los argentinos es un eje de la campaña opositora.
Para contrarrestarlo, el mandatario apeló a la esperanza y la promesa de un futuro próspero. Proyectó que, manteniendo el rumbo, Argentina podría crecer a tasas del “7 u 8% anual” de manera sostenida, lo que nos colocaría “entre los países más ricos del mundo en 20 años”. “Roma no se construyó en un día”, afirmó.
El mensaje no estuvo exento de contrapuntos. Mientras Milei hablaba, se registraron cacerolazos en varios barrios de la Ciudad de Buenos Aires. Además, desde el ámbito universitario, el Consejo Universitario Nacional ya había adelantado que considera que el presupuesto asignado, a pesar del anunciado aumento, implica un ajuste real para las casas de estudio, que arrastran una fuerte devaluación de sus partidas.
En síntesis, la cadena nacional de Milei fue un acto de reafirmación y realineamiento táctico. Reafirmó su doctrina económica inquebrantable pero realizó concesiones pragmáticas para ampliar el apoyo a su proyecto en un Congreso donde no tiene mayoría propia. El Presupuesto 2026 se presenta no solo como la “hoja de ruta” del Gobierno, sino como la pieza central de su estrategia para recuperar iniciativa política de cara a un octubre definitorio.










