Fuerzas navales de Estados Unidos ejecutaron en las últimas horas la incautación de un segundo buque petrolero vinculado a la exportación de crudo venezolano, en una nueva acción que refuerza la estrategia de máxima presión impulsada por la administración del presidente Donald Trump contra Venezuela e Irán.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, la operación constituye la materialización inmediata de la reciente orden ejecutiva de Trump, que declaró un “bloqueo total y completo” sobre las embarcaciones sancionadas que operen en la región. El procedimiento se concretó apenas diez días después de la captura del buque Skipper, lo que marca una clara escalada en la política de interdicción marítima de Washington.
Durante diciembre de 2025, Estados Unidos intensificó de manera significativa la aplicación de sanciones en aguas internacionales, con un despliegue naval inédito en el Caribe en las últimas décadas. Estas acciones se desarrollan bajo facultades combinadas de lucha contra el narcotráfico y cumplimiento de sanciones antiterroristas, con el objetivo de cortar los flujos de ingresos que, según Washington, financian organizaciones calificadas como terroristas y sostienen regímenes considerados hostiles.
Si bien los detalles específicos del buque incautado —como su nombre y bandera— permanecen bajo reserva operativa, fuentes oficiales confirmaron que la interdicción fue liderada por la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG). De acuerdo con las estimaciones preliminares, la nave transportaba una importante carga de crudo destinada a la exportación ilegal, en un intento de evadir las sanciones internacionales.
Al igual que en operativos anteriores, se desplegaron fuerzas de asalto marítimo para asegurar el control del buque en alta mar. Este procedimiento sigue el antecedente del Skipper (ex Adisa), incautado días atrás en una operación compleja que involucró helicópteros y abordajes rápidos desde el portaaviones USS Gerald R. Ford, en la que se confiscaron cerca de 1,85 millones de barriles de petróleo.
Desde el gobierno estadounidense sostienen que estas acciones se respaldan en órdenes judiciales federales y en legislación antiterrorista, bajo el argumento de que las ganancias derivadas de estas exportaciones ilegales benefician a redes vinculadas a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y a Hezbollah.
La nueva incautación confirma que el bloqueo anunciado por Washington no se limita al plano discursivo, sino que se traduce en una campaña naval activa. Analistas internacionales advierten que esta escalada podría incrementar la volatilidad en los precios del petróleo, profundizar la tensión diplomática entre Caracas, Teherán y Washington, y empujar a la denominada “flota fantasma” a adoptar rutas y métodos de ocultamiento cada vez más sofisticados, elevando el riesgo de incidentes en alta mar.










