Un relevamiento reciente indica que el 52% de los argentinos no llega a fin de mes y que solo el 17% logra cubrir sus gastos y ahorrar. En ese contexto, cuatro de cada diez personas buscan un segundo empleo para complementar ingresos. En Posadas esta tendencia se traduce en una reconfiguración del mercado laboral más vinculada a la precarización que a una mejora estructural.
Según los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC la tasa de empleo creció en el cuarto trimestre de 2025 aunque impulsada por el aumento del trabajo informal.
La capital misionera registra una población de 395.265 personas con una tasa de actividad del 46,4%. De ese total, 176.418 se encuentran ocupadas y la desocupación descendió al 3,8%. Sin embargo estos indicadores esconden un deterioro en la calidad del empleo.
El trabajo asalariado representa el 68,2% de los ocupados, pero muestra señales de fragilidad: el empleo formal cayó un 2,1% interanual mientras que el informal creció un 7,9%.
En paralelo el cuentapropismo continúa en alza y ya alcanza al 26,8% de los trabajadores. Se consolida como una alternativa frente a la falta de empleo formal. Esta dinámica coincide con la tendencia nacional, donde incluso quienes tienen trabajo buscan ingresos adicionales.
Uno de los datos más preocupantes es la caída en la cantidad de empleadores. En el último año Posadas perdió más de 2.100 patrones lo que representa una contracción del 21,3%. El dato refleja un debilitamiento del entramado productivo y limita la generación de empleo genuino.
La dinámica local no aparece como un fenómeno aislado sino como parte de un proceso más amplio de fragilidad económica. La combinación de salarios insuficientes, mayor informalidad y menos empleadores empuja a cada vez más trabajadores —incluidos jubilados— a multiplicar sus fuentes de ingreso.
Más que una expansión del empleo lo que se consolida es un modelo de adaptación frente a la crisis.










