La política científica argentina atraviesa un punto de inflexión. A dos años del inicio de la gestión del presidente Javier Milei, desde el ámbito académico emergen señales de alarma sobre el impacto en la investigación, la innovación y la formación de recursos humanos. En Misiones, el escenario adquiere matices propios: proyectos estratégicos paralizados, menor federalismo y un sistema que comienza a perder masa crítica.
Así lo planteó el secretario de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), Pedro Darío Zapata, en una entrevista con el periodista Ariel Sayas, donde describió una estructura científica “en desaceleración” tras años de crecimiento sostenido.
“El sistema científico-tecnológico necesita continuidad para producir resultados. Se construye en el tiempo, con inversión constante y formación sostenida. Cuando ese flujo se interrumpe, el impacto es inmediato”, explicó.
Uno de los puntos más críticos es la paralización de líneas de financiamiento. Según Zapata, la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación —principal organismo de financiamiento del sector— no adjudicó nuevos proyectos desde 2024, mientras que convocatorias vigentes se prorrogan sin resolución.
“El mecanismo se dilata. Se sostienen convocatorias abiertas, pero sin decisión política de financiamiento. Eso genera una expectativa ficticia en el sistema”, advirtió.
En paralelo, obras y desarrollos en ejecución quedaron inconclusos, con inversiones millonarias ya realizadas. “Hay equipamiento comprado, proyectos adjudicados, pero sin desembolsos. Incluso si se instalan los equipos, no hay recursos para operarlos ni para adquirir insumos”, detalló.
El caso biomasa: una oportunidad en pausa
En Misiones, uno de los ejemplos más concretos es un centro orientado al desarrollo y transferencia de tecnología en biomasa, vinculado a la cadena forestal y agroindustrial. El proyecto contaba con financiamiento cercano a los 3,5 millones de dólares y articulación con el sector privado.
“Se había logrado una base sólida para escalar procesos productivos y generar valor agregado. Hoy está completamente frenado. Parte del equipamiento ya fue adquirido, pero permanece sin uso”, indicó Zapata.
La biomasa representa un vector estratégico para la economía provincial, tanto por su disponibilidad como por su potencial en generación energética e industrial. La interrupción del proyecto impacta directamente en esa proyección.
El diagnóstico más severo se centra en la formación de investigadores. Zapata sostuvo que el país enfrenta “una década perdida” en recursos humanos altamente calificados.
“Formar un investigador lleva más de diez años. Desde el grado hasta el doctorado y la especialización. Si ese circuito se corta, el daño es estructural”, explicó.
En ese contexto, crece la migración hacia el exterior. “Hoy, a un becario le conviene irse. Brasil, por ejemplo, está invirtiendo fuerte en ciencia. Hay financiamiento, estabilidad y proyección. Acá, el incentivo es esperar un cambio de escenario político”, señaló.
La consecuencia directa es la caída de vocaciones científicas y el debilitamiento del recambio generacional. “El sistema se sostiene con quienes ya están dentro, pero ofrece pocas perspectivas a quienes recién comienzan”, agregó.
Otro eje del análisis apunta a la distribución territorial de la ciencia. Zapata remarcó que el ajuste impacta con mayor intensidad en universidades alejadas de los grandes centros urbanos.
“Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe concentran la mayor parte de los investigadores. En provincias como Misiones, donde recién se consolidaba una masa crítica, el retroceso es más evidente”, afirmó.
La falta de inversión en cadenas productivas locales limita además la capacidad de transferencia tecnológica, uno de los pilares para vincular conocimiento con desarrollo económico.
Elecciones en la UNaM y proyección política
En este escenario, la Universidad Nacional de Misiones se prepara para renovar autoridades el próximo 10 de junio. Zapata confirmó su intención de competir por el rectorado dentro del espacio Convergencia.
“Es un momento crítico que exige conducción. Tenemos experiencia en contextos de expansión y también de restricción. El desafío es sostener la universidad, mantener su presencia y buscar alternativas de financiamiento”, sostuvo.
Con 35 años de trayectoria docente y formación en el exterior, planteó como eje de gestión la defensa de los tres pilares universitarios: formación académica, generación de conocimiento y extensión.
Consultado sobre el debate en torno al financiamiento, Zapata planteó que el sistema público garantiza condiciones de equidad imposibles de replicar sin intervención estatal.
“Carreras del área de la salud en el sector privado superan los 500 mil pesos mensuales. Sin universidad pública, el acceso se restringe de manera drástica”, señaló.
En ese sentido, advirtió sobre el riesgo de profundizar desigualdades si se debilita el financiamiento estatal.
El panorama que describe la conducción científica de la UNaM sintetiza una tensión de fondo: la disputa entre modelos de desarrollo. Mientras países centrales y emergentes incrementan su inversión en ciencia y tecnología, Argentina transita un proceso de retracción que impacta en su capacidad de innovación.
“Lo que se construyó en dos décadas está en riesgo. El sistema no colapsa de un día para otro, pero empieza a erosionarse. Y cuando eso ocurre, recuperarlo lleva años”, concluyó Zapata.










