A sus 42 años, Sergia Ferreyra hizo historia en la comunidad guaraní El Pocito, en Capiobí, al convertirse en la primera Mburuvicha (cacique) mujer. Fue elegida por su pueblo después de desempeñarse ocho años como vicecacique. Su liderazgo llega en un momento crítico: la comunidad enfrenta una amenaza directa sobre el territorio ancestral que habitan hace más de cuatro décadas.
El Pocito está por cumplir 43 años de existencia y reúne a 220 personas. Cuentan con agua potable en las escuelas, pero siguen esperando la conexión eléctrica, a pesar de las promesas políticas. “La luz no tenemos, no entró todavía a la comunidad”, relató Ferreyra con preocupación.
Sin embargo, el conflicto más urgente se vincula a la posesión del monte que rodea a la aldea. Según denunció la Mburuvicha, un productor local identificado como Javier Straider intenta utilizar parte del territorio comunitario para instalar búfalos y vacas, poniendo en riesgo la flora medicinal y el equilibrio cultural de la comunidad. “Quiere meter todo búfalo, al lado de las vacas… largar todo donde nosotros estamos ocupando ese monte”, explicó Ferreyra.
En sus palabras, la lucha por la tierra es también una lucha por la identidad y por el futuro de los niños guaraníes. “El territorio es de nosotros. Como decimos, somos preexistentes… No venimos de afuera, están pisando nuestro suelo”, subrayó. Y agregó: “Somos de Argentina, somos de Misiones”.
A pesar de haber mantenido tres reuniones con el intendente Ramón Narrua y la Policía, el problema no se resolvió. Lejos de alcanzar un acuerdo, la situación se agravó cuando Straider, junto a su abogado, envió una nota advirtiendo que no se hará responsable si algún miembro de la comunidad resulta herido mientras él trabaja en el área en disputa. “Nosotros no firmamos eso, no podemos firmar algo así”, dijo la Mburuvicha.
Mientras tanto, la comunidad continúa resistiendo. Reclaman respeto por sus derechos, su cultura y su historia. Y alzan su voz, liderados ahora por una mujer que aprendió a pelear por su pueblo desde adentro, y que hoy representa una nueva etapa de firmeza y dignidad para El Pocito.










