Julio Pereyra, docente, activista y educador comunitario, lleva adelante una cruzada silenciosa y transformadora con la escuelita ambulante “Camino de Tiza”, que recorre parajes rurales en busca de personas con discapacidad olvidadas o marginadas. Desde un abordaje humano, educativo y territorial, su labor ha generado impactos concretos en la provincia.
“Hablemos de discapacidad, pero desde la educación; desde aquel que va en búsqueda de la persona que quizás está olvidada o marginada en alguna colonia de nuestra tierra”, propone Pereyra al inicio de la entrevista. Su enfoque no parte del diagnóstico médico, sino del reconocimiento del otro como sujeto de derechos. A través de “Camino de Tiza”, la escuelita ambulante que coordina, detecta necesidades invisibles en comunidades del interior profundo de Misiones.
En apenas minutos de conversación, Pereyra resume años de trabajo comunitario, donde las acciones hablan más fuerte que las palabras. Gracias a la articulación con distintas organizaciones, se lograron construir escuelas rurales, habilitar el primer espacio de primera infancia en una comunidad indígena, crear un banco comunitario de órtesis y prótesis, y gestionar becas para jóvenes con discapacidad. Todo, a pulmón, con recursos que llegan por la visibilización de los casos y la confianza construida en el territorio.
El trabajo de “Camino de Tiza” tiene como eje poblaciones rurales y vulneradas. “Posadas es Misiones, pero Misiones no es solo Posadas”, afirma Pereyra. Su escuelita recorre 14 comunidades, entre ellas Garuhapé, Capioví y Puerto Rico, y se adapta a las urgencias: puede visitar una zona cada 15 días, o cada tres meses. La prioridad es el contacto directo con las familias y el entorno.
Uno de los temas más crudos que aborda el educador es el abandono que aún persiste: “Seguimos encontrando gente en jaulas, eso es real. Casos en Andrecito, gente que ha muerto por escaras… están en mis redes, pueden entrar y mirarlos”, relata con dureza. También menciona la aparición creciente de casos de autismo y malformaciones en zonas rurales, que podrían estar relacionadas con el uso intensivo de agrotóxicos.
“No diagnosticamos. Solo hacemos detecciones tempranas de posibles marcadores de afectación, y acompañamos desde el amor, el respeto y la comunidad”, aclara. Ese es el espíritu de su proyecto, que fue reconocido a nivel internacional con el Premio Mundial de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Julio Pereyra invita a sumarse, donar o pedir ayuda a través de los canales digitales: en Facebook como Escuelita Ambulante Camino de Tiza, en Instagram como @julio.pereira, y en TikTok como Julio Manuel Pereira.










