Con un llamado a la «libertad económica» y una advertencia sin ambages –»lo haremos acompañados o solos»–, el presidente Javier Milei marcó el tono de la LXVI Cumbre del Mercosur en Buenos Aires, donde transfirió la presidencia pro témpore a Brasil tras seis meses de gestiones centradas en desregular el bloque. En un Palacio San Martín blindado por un operativo de seguridad, el mandatario argentino defendió su agenda liberal, celebró acuerdos comerciales clave y tensionó los límites de la unidad regional, mientras su relación con Lula da Silva volvió a evidenciar grietas ideológicas.
En un discurso con advertencias, Milei –enfático–, delineó su balance: «El Mercosur incumplió su objetivo original. Fue una cortina de hierro que cercó libertades». Ante los líderes del bloque –entre ellos el paraguayo Santiago Peña (su aliado más cercano), el boliviano Luis Arce y el uruguayo Yamandú Orsi–, insistió en que la Argentina no esperará «consensos burocráticos» para impulsar la apertura comercial. «Si los socios persisten en un camino que no nos resultó, flexibilizaremos las reglas o iremos solos», afirmó, en alusión a la posibilidad de negociar acuerdos bilaterales fuera del marco común.
El mensaje tuvo un destinatario claro: Lula, quien minutos después, al recibir la presidencia, defendió el Mercosur como «escudo contra guerras comerciales» y priorizó la integración «con reglas claras». La puja entre ambos modelos –proteccionismo versus liberalismo– quedó expuesta incluso en el protocolo. El brasileño llegó tarde y protagonizó un incómodo momento al negarse a subir las escalinatas del Palacio hasta que sus fotógrafos fueran autorizados a ingresar. El canciller argentino, Gerardo Werthein, medió para destrabar el encuentro, que terminó en un saludo frío, aunque menos áspero que el del G20 de 2023.
Logros y tensiones en la agenda
Pese a las diferencias, la cumbre arrojó avances específicos. Entre ellos:
-Acuerdo con la EFTA: rubricaron el tratado de libre comercio con Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, creando un mercado de 300 millones de personas y un PIB combinado de US$4,3 billones. La firma será en agosto en Brasilia.
-Flexibilización arancelaria: Argentina impulsó la ampliación de las «listas nacionales de excepciones» al arancel externo común, permitiendo a cada país desgravar hasta 50 productos para negociar bilateralmente. Werthein lo calificó como un «paso hacia la adaptación a las nuevas realidades comerciales».
-Nuevos horizontes: profundizarán tratados con Israel y la India, e iniciarán conversaciones con El Salvador, Panamá y República Dominicana.
Pero no todo fue consenso. Milei criticó la falta de una condena explícita al gobierno de Nicolás Maduro –ausente en el documento final– y exigió la liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido en Venezuela. Además, propuso crear una «Agencia del Mercosur contra el crimen organizado transnacional», en línea con su enfoque securitario.
La sombra de Lula y la visita a Cristina
El traspaso de la presidencia a Brasil añadió capítulos políticos. Lula, que hoy visitará a Cristina Kirchner en su prisión domiciliaria –gesto leído como un guiño al kirchnerismo–, delineó sus prioridades: relanzar el acuerdo con la UE, promover la transición energética y combatir el crimen organizado. «El Mercosur nos fortalece», insistió, en contrapunto con Milei.
Uruguay, representado por Orsi, abogó por ampliar mercados «sin alejarse del bloque», mientras Paraguay respaldó la postura argentina. Bolivia, en cambio, se alineó con Brasil, evidenciando la fractura entre dos ejes: el liberal (Argentina-Paraguay) y el estatista (Brasil-Bolivia-Uruguay).
Pero hacia dónde va el Mercosur. Milei dejó en claro que no abandonará el bloque –algo que requeriría aprobación legislativa–, pero sí lo vaciará de contenido si no se adapta a sus demandas. La apuesta del anarcolibertario es convertir al Mercosur en una plataforma laxa que no obstaculice acuerdos extrabloque, como los que negocia con Estados Unidos.
Esta cumbre dejó un mensaje dual: hay espacio para pragmatismos comerciales, pero las divergencias ideológicas siguen latentes. El desafío de Lula -al frente del Mercosur- será navegar entre la presión argentina y su propia visión de una integración proteccionista. Mientras, Milei, fiel a su estilo, advirtió: «Argentina eligió el progreso. No habrá vuelta atrás».
La cumbre ocurre en un año clave para el Mercosur, con el acuerdo UE-Mercosur estancado desde 2019 y presiones externas para modernizar el bloque. La visita de Lula a Cristina Kirchner, autorizada por la Justicia, alimenta especulaciones sobre una estrategia diplomática para tensionar a Milei. Argentina redujo fondos al Parlasur y al Instituto de DDHH del Mercosur, señalando su desinterés en estructuras multilaterales.










