En una entrevista en Vistazo del 4, Miriam Morales y Rebeca Gauto, integrantes de la Red de Cocineras Comunitarias de Misiones, relataron la difícil realidad que atraviesan día a día al frente de los comedores barriales, donde brindan contención alimentaria a cientos de familias en situación de vulnerabilidad. Ambas coincidieron en que su labor se ha vuelto cada vez más desafiante en el contexto actual de crisis económica, inflación y recorte de recursos.
“Nosotras somos las que cocinamos para los niños, para las familias que necesitan”, resumió Rebeca, quien coordina uno de los merenderos en los barrios populares de Posadas. La frase sintetiza el espíritu de solidaridad que anima a estas mujeres, pero también el peso de una responsabilidad que muchas veces se ejerce sin el respaldo necesario.
A pesar del esfuerzo diario, los obstáculos son muchos. “A veces no tenemos para cocinar, pero hacemos magia”, señaló Miriam Morales, una de las referentes históricas de la red. La escasez de alimentos, la falta de asistencia oficial y el incremento constante de personas que acuden en busca de un plato de comida, son algunas de las dificultades que enfrentan.
En ese sentido, subrayan la importancia de mantenerse organizadas y apoyarse entre ellas para poder continuar. “Si no estamos organizadas, no podemos hacer nada”, explicó Rebeca, dejando en claro que la fuerza colectiva es el principal sostén ante la adversidad.
Más allá del trabajo silencioso y constante que realizan, reclaman mayor visibilidad, reconocimiento y apoyo. “Necesitamos que nos vean, que nos ayuden”, expresaron ambas, apelando no solo a las autoridades, sino también a la sociedad en su conjunto. Denuncian que muchas veces son invisibilizadas o relegadas, a pesar del rol fundamental que cumplen.
“Vemos la sonrisa de los niños cuando les damos de comer, y eso nos da fuerzas para seguir”, dijo Miriam con emoción. Esa respuesta de los chicos es, muchas veces, la única retribución que reciben por un trabajo que debería ser acompañado de políticas públicas sostenidas.
El panorama es alarmante. “Cada día hay más gente que necesita nuestra ayuda”, advirtieron. La creciente demanda en los comedores y merenderos comunitarios refleja la gravedad de la situación social y alimentaria que atraviesan los sectores más vulnerables. Y detrás de cada olla popular, hay mujeres como Miriam y Rebeca que siguen sosteniendo, con esfuerzo y dignidad, una red de contención que el Estado muchas veces desatiende.










