En medio de la masiva despedida del papa Francisco , se desató una polémica para elegir su sucesor: el cardenal Angelo Becciu, a quien Jorge Bergoglio había destituido por fraude fiscal, se presentó como si nada en la primera asamblea de cardenales. El Vaticano salió a matizar el alboroto pero dejó en stand by una definición.
Ya desde antes de la muerte de su jefe máximo, Becciu, que fue condenado en primer grado y que siempre se manifestó inocente, puso en marcha una campaña para cambiar las cosas y lograr ser readmitido en el colegio de electores. Desafiando al papa Francisco, ahora clama que, en verdad, fue indultado por él y que para un cardenal elegir a un papa es un deber, más allá de un derecho.
En este argumento es respaldado por los sectores conservadores y deberá decidirse si los cardenales que participan en las Congregaciones Generales tienen eventualmente la potestad de revertir una decisión del Papa.
Al parecer, Becciu participó en la primera congregación general, el martes pasado. “Todos han sido invitados”, dijo Bruni, sin confirmar ni desmentir la versión. Pero lo cierto es que, mientras ya comenzaron a darse, fuera de los focos públicos, las clásicas comidas y tertulias en las que se tejen las maniobras precónclave, el “caso Becciu” es el que acapara la conversación.
Y la gran pregunta es si alguna vez en la historia le devolvieron a algún purpurado los derechos cardenalicios.










