Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) aumentaron en los últimos años, en particular entre adolescentes y jóvenes, según destacó la nutricionista, Carina González. Factores como la presión social y los ideales de belleza promovidos en redes sociales, juegan un papel fundamental en esta problemática. “A menudo, estas plataformas exponen cuerpos ideales que no son reales, ya sea por el uso de filtros, retoques digitales o estándares poco alcanzables” expresó. En esa línea destacó que ante este escenario, muchas personas se ven impulsadas a adoptar conductas extremas, como dietas estrictas, ayunos prolongados o ejercicios extenuantes, en un intento por cumplir con estas expectativas sociales.
Entre los TCA más comunes se encuentran la anorexia y la bulimia, que afectan la salud física, además de la mental. “Estos trastornos suelen manifestarse en patrones como comer muy poco, vomitar después de las comidas, o una obsesión excesiva por el peso, evidenciada en comportamientos como pesarse de manera constante», dijo. Agregó que estas conductas, muchas veces, son difíciles de detectar porque las personas que las padecen tienden a ocultarlas, incluso frente a sus familiares y amigos más cercanos: “este enmascaramiento puede retrasar el diagnóstico y el acceso a un tratamiento adecuado”, afirmó.
Además de los daños físicos, como desnutrición o alteraciones metabólicas, los TCA pueden generar consecuencias psicológicas severas. “La baja autoestima, la ansiedad y la depresión son compañeros frecuentes de estos trastornos, creando un ciclo difícil de romper”, expresó. En ese marco explicó que la búsqueda de un cuerpo ideal, en muchos casos, afecta las relaciones sociales, la confianza en uno mismo y la calidad de vida en general. Por ello, es esencial reconocer que cada cuerpo es único y que los procesos de cambio deben ser saludables y guiados por profesionales.
“La prevención juega un rol clave para combatir esta problemática”, dijo la nutricionista y que es fundamental trabajar en la construcción de una autoestima sólida, desde edades tempranas, además de fomentar una relación saludable con el cuerpo. Agregó, que consultar con especialistas como psicólogos, nutricionistas y médicos es una herramienta vital para quienes sienten inseguridades con su imagen. Asimismo, añadió educar sobre los riesgos de seguir dietas extremas o desafíos de internet puede ser una medida efectiva para reducir la incidencia de los TCA.
Para concluir, resaltó que es crucial que las familias, instituciones educativas y el entorno social promuevan el diálogo y la aceptación corporal. “Reconocer las señales de alerta y acompañar a quienes las presentan puede marcar una gran diferencia en la vida de las personas afectadas” señaló. En esa línea declaró que en un mundo dominado por las redes sociales, aprender a filtrar los mensajes que recibimos sobre el cuerpo y priorizar la salud sobre los ideales estéticos es una tarea urgente para toda la sociedad.










