En una Basílica de San Pedro marcada por el color rojo púrpura, el papa Francisco presidió este sábado el décimo consistorio de su pontificado, en el que creó 21 nuevos cardenales -entre ellos monseñor Vicente Bokalic Iglic, arzobispo de Santiago del Estero, primado de la Argentina- y dejó una impronta aún más fuerte en el cónclave que deberá elegir a su sucesor.
De los actuales 140 cardenales menores de 80 años y, por lo tanto, con derecho a voto, 110 fueron designados por el papa Francisco, 24 por su predecesor, Benedicto XVI y seis, por san Juan Pablo II. Según los cálculos, esto significa que Jorge Bergoglio eligió a casi el 79% de los cardenales electores de un eventual cónclave, esa reunión secreta, “cum-clave”, encerrada bajo llave, en el que un candidato para ser electo al trono de Pedro necesita alcanzar dos tercios de los votos. Será además un cónclave que reflejará una Iglesia ya no eurocéntrica como en el pasado, sino más universal, con representantes de todos los continentes y de países de esas periferias que Francisco quiso poner bajo los reflectores.
“Lo que debe animar su servicio como cardenales es el riesgo del camino, la alegría del encuentro con los demás, el cuidado de los más frágiles”, les recordó a los nuevos purpurados el papa Francisco, que, aunque ostentó buena forma y buen humor durante la ceremonia, apareció con un hematoma bastante amplio en el lado derecho del mentón, debido a un golpe que se dio con la mesa de luz ayer por la mañana, según hizo saber la Sala de Prensa del Vaticano.










