Hugo Orlando Gatti, el arquero revolucionario que transformó su posición en un espectáculo y se convirtió en símbolo de Boca Juniors y del fútbol argentino, falleció este domingo a los 80 años. Su muerte, confirmada por su familia tras retirarle el soporte vital en el Hospital Pirovano, cerró un capítulo doloroso: más de dos meses internado por complicaciones derivadas de una fractura de cadera que desencadenó infecciones y fallos multiorgánicos.
Gatti, apodado «El Loco» por su estilo desinhibido y su carisma, enfrentó un final adverso. Diagnosticado con neumonía, insuficiencia cardíaca y renal, su estado fue declarado «irreversible» por los médicos. La decisión de suspender el respirador artificial llegó tras una larga lucha, marcada por la resistencia que siempre lo caracterizó en la cancha.
Su salud estaba frágil. En 2020 había superado una neumonía bilateral en Madrid, y el accidente doméstico que derivó en su última hospitalización —caída mientras paseaba a su perro— evidenció la vulnerabilidad de un hombre que, paradójicamente, hizo de la audacia su sello.
Gatti redefinió el rol del arquero. Con su vincha, buzos coloridos y salidas impensadas, convirtió cada partido en un show. «Los buenos arqueros no necesitan volar», decía, pero sus «atajadas de Dios» (mano a mano resueltos con desplantes casi circenses) quedaron grabadas en la memoria colectiva.
Hugo nació en Carlos Tejedor en 1944, debutó a los 17 años en Atlanta y pasó por River, Gimnasia y Unión antes de consagrarse en Boca, donde ganó tres títulos locales, la Copa Libertadores de 1977 y la Intercontinental. Fue clave en la final de Montevideo ante Cruzeiro, atajando el penal decisivo, y en el Metropolitano ’76, donde su actuación ante River lo elevó a la categoría de ídolo.
Innovador hasta en lo comercial, fue el primer futbolista argentino en lucir publicidad en su camiseta (la marca Jet) y protagonizó spots televisivos, como el icónico de ginebra Bols. Su personalidad generó tanto admiración como polémica: crítico feroz de Messi en sus años como analista, y cercano a la política (apoyó a la UCR en 1987), su relación con Boca se agrió tras un abrupto retiro en 1988, luego de un error ante Deportivo Armenio.
Hinchas y excompañeros lo recordaron en redes sociales. «Era un artista. Hacía reír hasta en los momentos más tensos», dijo un compañero de aquel Boca de Lorenzo y Maradona.
Los medios de prensa señalan este domingo de Pascua que Gatti deja un vacío imposible de llenar. Como dice la balada de Piazzolla que tanto le gustaba: «Quereme así, piantao». El fútbol argentino llora a un loco lúcido, un poeta del arco que jugó la vida como si cada minuto fuera tiempo añadido, describieron.











