Cientos de focos de fuego consumen la selva amazónica, sumiendo a las ciudades brasileñas en la región en una peligrosa nube de humo tóxico.
Telesur. Una intensa ola de incendios forestales azota el oeste del estado brasileño de Pará, donde se contabilizan 922 focos activos. La densa humareda derivada de los siniestros «mantiene a la ciudad de Santarém bajo niveles de contaminación atmosférica calificados como muy insalubres para la población local» según indicaron las autoridades de la región.
Datos difundidos por la plataforma Queimadas, adscrita al Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, sitúan a Pará a la cabeza del registro nacional de catástrofes ambientales. En paralelo, el vecino estado de Amazonas «reporta 90 puntos de fuego activos», tras haber superado «el millar de focos durante las últimas semanas del mes».
La situación meteorológica y sanitaria adquirió «extrema gravedad en Santarém, donde «el índice de calidad del aire escaló hasta los 260 puntos», de acuerdo con las mediciones provistas por la plataforma internacional de monitoreo. Las estaciones científicas detectaron «concentraciones de partículas finas de hasta 185 microgramos por metro cúbico».
Dicha marca supera de manera exponencial el límite tolerado por la legislación ambiental brasileña, cuya «media diaria permisible se establece en 32 microgramos por metro cúbico». Estas partículas microscópicas, según los expertos poseen la capacidad de penetrar profundamente en las vías respiratorias, representando un peligro severo para la Salud Pública.
En Manaos, capital del Estado de Amazonas, el panorama ambiental permanece igualmente crítico. «La dispersión persistente de gases tóxicos situó el índice de calidad del aire en 153 unidades durante las primeras horas de la jornada, consolidando una atmósfera nociva en los centros urbanos de la selva», dice el comunicado de la plataforma Queimadas.












