Un grupo de militares liderados por el comandante general del Ejército de Bolivia, Juan José Zúñiga, tomó la plaza Murillo, el epicentro del poder gubernamental en La Paz, Bolivia. Los militares, apoyados por tanquetas, intentan ingresar al Palacio de Gobierno, exigiendo un cambio en el gabinete del presidente Luis Arce.
La toma de la plaza Murillo, que alberga la Casa de Gobierno, estuvo acompañada de actos de represión contra los civiles presentes. Zúñiga, en declaraciones contundentes, afirmó que su acción es en defensa de la Constitución y amenazó con más medidas si sus demandas no son cumplidas. En respuesta, el presidente Luis Arce denunció en la red social X la movilización irregular de las unidades del Ejército, subrayando la necesidad de respetar la democracia. El expresidente Evo Morales, por su parte, llamó a una movilización nacional y a un paro general indefinido, instando a bloquear rutas y caminos para defender la democracia.
La crisis actual tiene sus raíces en las declaraciones de Zúñiga realizadas el lunes en el programa “No Mentirás”, donde amenazó con un golpe de estado si Evo Morales volvía a postularse a la presidencia en 2025. Zúñiga argumentó que Morales no está habilitado para postularse nuevamente y llegó a afirmar que las Fuerzas Armadas actuarían para impedirlo. Estas declaraciones incendiarias reflejan las tensiones internas dentro del Movimiento al Socialismo (MAS) y las aspiraciones electorales enfrentadas entre el presidente Arce y el sector leal a Morales.
El papel de los militares en la política boliviana aumentó significativamente en los últimos años, con su protagonismo en el golpe cívico-militar de 2019 y su creciente influencia durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez. Este poder militar se mantuvo y se fortaleció bajo el gobierno de Arce, a pesar de las tensiones internas.
Juan José Zúñiga, el comandante desplazado del Ejército, es una figura controvertida y polarizadora. Tras ser removido de su cargo el martes por sus amenazas contra Morales, decidió liderar una sublevación, justificando su acción como un esfuerzo por «recuperar la patria» y proteger la Constitución. Zúñiga dijo que las Fuerzas Armadas son el «brazo armado del pueblo» y criticó la gestión actual por empobrecer y humillar al país y a los militares.
Reacciones de Morales y Arce
El expresidente Morales, a través de sus redes sociales, condenó las amenazas y las acciones de Zúñiga, advirtiendo sobre el peligro de un autogolpe si no se desautorizan estas maniobras. Morales, inhabilitado para postularse nuevamente por el Tribunal Constitucional Plurinacional, llamó a la defensa activa de la democracia frente a lo que considera una usurpación militar del poder.
El presidente Arce, en sus recientes discursos, incluso acusó a Morales de estar detrás de un «golpe blando» destinado a acortar su mandato. Arce defendió la legitimidad de su gobierno y llamó a la unidad para enfrentar estos desafíos, insistiendo en que detrás de las demandas aparentemente legítimas de sus opositores se esconde un intento de destruir el Estado Plurinacional y el modelo económico social comunitario.
Situación actual
La situación en La Paz sigue siendo tensa y volátil, con los militares ocupando posiciones estratégicas alrededor de la plaza Murillo y las instituciones gubernamentales. La ministra de la Presidencia, María Nela Prada, denunció el intento de golpe de Estado y mostró imágenes de la ocupación militar, subrayando la irregularidad de estas operaciones. La comunidad internacional observa con preocupación el desarrollo de estos eventos, que amenazan con sumir a Bolivia en una nueva etapa de inestabilidad política.










