Por Carolina López Forastier
Abogada/Consultora
Coordinadora Cátedra DDHH /Universidad Nacional de Misiones
El 1 de julio de 1974 fue el día en que por primera vez vi llorar desconsoladamente a mi papá. Dicen algunos psicólogos que las cosas que más te marcan en la vida son las de la primera infancia. La infancia es el escenario de la construcción del sujeto, ligado por el deseo y por el ejercicio ligado a la representación de objetos (Freud –1919–).
Ese 1 de julio de 1974 estábamos con toda la familia en la casa de mi abuela materna, en Capital Federal, donde pasábamos todas las vacaciones de invierno. Un hermoso PH en la calle Loria. Grandes planes para disfrutar.
¿Cómo no iba llorar? Era el comienzo del fin de una época (buena o mala) pero de grandes sueños de una sociedad mejor.
¿Cómo no iba a llorar mi papá? Si Perón, el mismísimo, lo había llamado porque era de Misiones, cuando en Buenos Aires creían que éramos analfabetos (algunos lo siguen creyendo aún) para que estudiara primero y redactara, después, la Constitución de Misiones.
Lo eligió por su origen pero también por su formación (no dejó de tener en cuenta que fue Medalla de Oro y se lo hizo saber).
De cada una de las provincias a las que se le iba a dar status de provincia, participaron y fueron convocados los mejores jóvenes oriundos de ellas.
Perón eligió a los jóvenes, a los que fue formando con pensamiento crítico y solidez intelectual impresionante.
Una generación que leyó a Scalabrini Ortiz, a Jauretche, a José María Rosa y un líder que dejó plasmado obras escritas que hasta hoy nos definen de qué lado de la historia debemos estar.
Sin dudas, la militancia, y la juventud y el lugar que Perón dio a los jóvenes, fue inigualable. Tanto fue que esa generación tuvo que ser aniquilada, torturada, diezmada y borrada a partir del golpe de estado cívico-militar de 1976.
Claro que la realidad es distinta hoy. En una sociedad donde la juventud de hoy es la de 140 caracteres, y en la que es difícil redondear una idea. Jóvenes que casi no leen, ni les importa la historia ni el pasado. Estamos ante el aquí y ahora. La inmediatez. La liquidez y la ansiedad.
Será es quizás el momento de volver a pensar, no en Perón, sino en que sociedad estamos formando para nuestros hijos y nuestros nietos y aggiornados a los 140 caracteres, para no dejar de trabajar en el pensamiento crítico y en las preguntas básicas de la vida.
Al decir de Pigna “La palabra del pueblo argentino, la maravillosa música, enmudeció aquel 1º de julio. La Argentina fue un país de colas. Los ricos las hacían para comprar dólares, los pobres para comprar fideos y para darle el último saludo a su líder”.
Yo tenía 9 anos y vi llorar a mi ídolo, mi papá, por primera vez. ¿Qué sueños, ilusiones, habrán pasado por su cabeza? Acaso los principios humanistas y cristianos ¿Acaso la Tercera Posición? Nunca lo supe.
Me agarró de la mano y me sentó en su falda mirando ese enorme televisor recubierto de madera lustrada y dijo “se vienen tiempos difíciles”
Se vinieron tiempos difíciles.
Papá se murió diciendo que se venían tiempo difíciles.









