El analista Jorge Víctor Ríos sostiene que el fortalecimiento parlamentario del bolsonarismo condicionaría un nuevo mandato de Lula. Ante la segunda vuelta del 25 de octubre, señaló que el Presidente necesita ampliar su convocatoria electoral para revertir la ventaja de Flávio Bolsonaro.
Misiones Plural. La ventaja de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta brasileña plantea al Partido de los Trabajadores (PT) un desafío que excede la búsqueda de votos entre quienes apoyaron a otros candidatos. Para el analista y Licenciado en Comunicación Jorge Víctor Ríos, «Lula» da Silva necesita recuperar capacidad de movilización y conexión con sectores del electorado en un escenario donde el bolsonarismo amplió su respaldo. En Plural, por Canal 4 Posadas, sostuvo que el resultado también obliga a revisar cómo los gobiernos convierten su gestión en apoyo político.
El Tribunal Superior Electoral informó que, con el 99,99 % de las urnas escrutadas, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos válidos y Lula, el 45,16 %. La diferencia alcanzó 1,87 puntos porcentuales, equivalente a unos 2,2 millones de votos. Ambos disputarán la presidencia en la segunda vuelta del 25 de octubre.
Ríos interpretó el desempeño de Flávio como una señal de continuidad y expansión del movimiento que construyó su padre, Jair Bolsonaro. Según su lectura, parte del oficialismo subestimó la capacidad del candidato para reunir ese respaldo y ampliar su convocatoria. El resultado, consideró, cuestionó la expectativa de que el apellido y la estructura política del expresidente resultarían insuficientes para sostener una candidatura competitiva.
La comparación entre elecciones muestra un crecimiento del voto bolsonarista, aunque por sí sola no permite identificar qué electores mantuvieron su preferencia o cambiaron de candidato. En el Nordeste, Flávio superó en aproximadamente 1,6 millones de votos la primera vuelta de su padre en 2022 y redujo la ventaja regional de Lula. El presidente Lula, sin embargo, conservó el primer lugar en los nueve estados nordestinos, con el 63,77 % de los votos válidos de la región. El bolsonarismo avanzó en una base histórica del PT, pero Lula mantuvo allí una mayoría amplia.
El analista ubicó estos movimientos dentro de una tendencia de desgaste de los gobiernos en funciones. Habló de “gobiernos de un solo mandato” para describir las dificultades que encuentran distintos oficialismos latinoamericanos para renovar su respaldo electoral. Su planteo apunta al voto de rechazo hacia quienes gobiernan como una de las explicaciones posibles del cambio político, junto con las particularidades de cada país.
Ríos también introdujo una precisión sobre la idea de una ola regional de derechas: el avance electoral no implica necesariamente un consenso social consolidado. “Ganan con márgenes acotados”, señaló. En Brasil, la proximidad entre los dos candidatos deja abierta la disputa presidencial y exige distinguir la ventaja de la primera vuelta de una victoria definitiva.
El Congreso constituye otra dimensión del resultado. Ríos sostuvo que Lula enfrentaría mayores dificultades legislativas aun si revierte la diferencia en el balotaje. El Partido Liberal de Flávio Bolsonaro obtuvo 121 de las 513 bancas de la Cámara de Diputados y alcanzará 28 de los 81 escaños del Senado, según los relevamientos publicados tras la elección. Esas cifras fortalecen al bolsonarismo, aunque el partido necesitará acuerdos con otras fuerzas para construir mayorías.
La nueva composición parlamentaria refuerza el problema que planteó Jorge Ríos: ganar la presidencia y reunir apoyo para gobernar son desafíos relacionados, con resultados que pueden diferir. Para un eventual nuevo mandato de Lula, Ríos prevé negociaciones más difíciles. Esa evaluación no supone que todos los legisladores conservadores actuarán como un bloque uniforme ni que cada votación tendrá un desenlace anticipado.
Al explorar las causas del desempeño electoral, el analista destacó la presencia territorial de iglesias evangélicas y pentecostales. Planteó que determinados espacios religiosos ocuparon lugares de organización y contacto cotidiano donde el PT perdió capacidad de intervención. En su interpretación, esas redes contribuyeron a construir adhesiones políticas mediante referencias morales, vínculos comunitarios y mensajes contrarios a Lula.
La hipótesis requiere distinguir el activismo de dirigentes y organizaciones religiosas de las decisiones del conjunto de los fieles. La entrevista no aportó estudios que permitan medir cuánto pesó ese factor en el resultado. Tampoco los testimonios individuales que circulan en redes sociales permiten atribuir una misma conducta electoral a toda la población evangélica.
Otra pregunta organizó el análisis de Ríos: por qué una gestión que considera favorable en términos macroeconómicos encuentra dificultades para conseguir votos. Su respuesta puso el acento en las formas de comunicación y representación política. Sostuvo que sectores progresistas siguen privilegiando la exposición de datos, mientras las nuevas derechas construyen convocatorias alrededor de identidades y emociones.
Ríos recurrió al Brexit como referencia para esa discusión y propuso examinar las estrategias digitales de la campaña brasileña. Reconoció que las investigaciones sobre su funcionamiento suelen aparecer después de las elecciones. En esta instancia, la entrevista no permite establecer una relación causal entre algoritmos y resultados: la influencia de las plataformas constituye una línea de investigación, cuyo alcance exige evidencia específica.
El columnista atribuyó especial importancia a la participación en el balotaje. Consideró que Lula necesita convocar a quienes se abstuvieron en la primera vuelta y evaluó que los votos de las terceras fuerzas podrían resultar insuficientes para modificar el escenario. Esa es una hipótesis sobre la próxima elección: quienes faltaron a las urnas no conforman un electorado homogéneo ni representan una reserva de votos de un candidato.
En el plano regional, Ríos sostuvo que una victoria de Flávio Bolsonaro podría ampliar la convergencia política con Washington. Introdujo, a la vez, una diferencia entre afinidad ideológica e intereses comerciales: según su interpretación, un acercamiento a Estados Unidos puede convivir con relaciones económicas con China. Esa distinción evita deducir decisiones de comercio exterior únicamente a partir de la orientación política de un gobierno.
La lectura de Ríos deja a Lula ante dos tareas: ampliar el respaldo necesario para ganar la segunda vuelta y preparar las negociaciones de un eventual nuevo mandato. Flávio Bolsonaro llega con la ventaja electoral y un partido fortalecido en el Congreso. El 25 de octubre resolverá la presidencia; la participación, los acuerdos entre fuerzas y las decisiones de los electores definirán si el resultado confirma o modifica el orden de la primera vuelta.












