El ex preso político misionero cuestionó el ejercicio conjunto realizado en Córdoba por desarrollarse en terrenos asociados al circuito represivo de La Perla, donde aún continúan investigaciones y búsquedas de víctimas del terrorismo de Estado.
El ex preso político misionero Raúl «Rulo» Báez cuestionó los ejercicios militares conjuntos realizados en Córdoba y advirtió sobre el valor simbólico de un territorio donde aún se buscan desaparecidos de la última dictadura.
La finalización del ejercicio militar conjunto «Daga Atlántica 2026», desarrollado por fuerzas especiales de Argentina y Estados Unidos, abrió una fuerte controversia política y en materia de derechos humanos tras conocerse que parte de las maniobras se realizaron en la zona de La Calera, en Córdoba, un territorio vinculado al circuito represivo de la última dictadura militar y donde continúan investigaciones sobre personas desaparecidas.
Entre quienes expresaron su rechazo se encuentra el ex preso político y referente misionero de derechos humanos Raúl «Rulo» Báez, quien repudió este acto que llevó adelante el Estado argentino. Báez consideró que la realización de actividades militares en ese lugar constituye una afrenta a la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado y una señal preocupante en un contexto de creciente acercamiento militar entre Argentina y Estados Unidos.
El operativo, presentado oficialmente por el Ministerio de Defensa como el primer ejercicio conjunto y combinado de Fuerzas de Operaciones Especiales entre ambos países, movilizó durante más de cuarenta días a centenares de efectivos, vehículos tácticos, helicópteros y aeronaves. Las prácticas incluyeron simulaciones de rescate de objetivos estratégicos, despliegues aerotransportados y operaciones de combate de alta complejidad.
Las autoridades nacionales destacaron el entrenamiento como una instancia de cooperación militar y fortalecimiento de capacidades operacionales. Sin embargo, el lugar elegido para parte de las actividades terminó desplazando el debate hacia una dimensión histórica, política y ética mucho más profunda.
La Calera integra una Reserva Natural de la Defensa administrada por las Fuerzas Armadas, pero al mismo tiempo forma parte de un territorio atravesado por la memoria de los crímenes cometidos durante la dictadura. Allí funcionó la Guarnición Militar La Calera, vinculada operativamente al centro clandestino de detención, tortura y exterminio La Perla, considerado uno de los mayores centros represivos del país.
Las investigaciones judiciales y los trabajos de búsqueda desarrollados durante los últimos años permitieron localizar e identificar restos de personas desaparecidas en distintos sectores del predio. Los hallazgos continúan produciéndose y forman parte de causas abiertas por delitos de lesa humanidad.
Ese contexto es el que explica la reacción de organismos de derechos humanos y de sobrevivientes de la represión estatal.
Para Báez (foto inferior), el problema excede la presencia de tropas extranjeras. El cuestionamiento apunta al significado del espacio utilizado para las maniobras. Allí donde todavía se buscan restos humanos, donde familiares esperan respuestas y donde la Justicia reconstruye los mecanismos del terrorismo de Estado, la realización de ejercicios militares resulta incompatible con las políticas de memoria construidas durante décadas.
La preocupación también encuentra sustento en la historia reciente. Por La Perla pasaron miles de secuestrados provenientes de distintas provincias argentinas. Muchos permanecen desaparecidos. Entre ellos hubo militantes, trabajadores, estudiantes y dirigentes vinculados a Misiones, cuyos destinos aún forman parte de investigaciones en curso.
Por esa razón, los organismos cordobeses de derechos humanos sostienen que esos espacios deben preservarse como lugares de memoria, investigación y reparación histórica. Consideran que la utilización de terrenos asociados a la represión estatal para entrenamientos militares transmite un mensaje contradictorio respecto de los consensos democráticos construidos desde el retorno constitucional.
La controversia también expone un debate más amplio sobre el rumbo de la política de defensa nacional.
El ejercicio Daga Atlántica forma parte de una serie de actividades conjuntas impulsadas durante el gobierno de Javier Milei en el marco de una profundización de los vínculos con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y particularmente con el Comando Sur. Para sus defensores, estos entrenamientos permiten mejorar capacidades técnicas y fortalecer la cooperación internacional. Para sus críticos, representan un avance de la influencia militar estadounidense en áreas sensibles de la política argentina.
En ese escenario, el repudio expresado por Báez recupera una discusión que atraviesa a la sociedad argentina desde hace décadas: la relación entre memoria, soberanía y Fuerzas Armadas. Hasta ahora, es la única voz que se alzó desde Misiones en contra de estos ejercicios conjuntos.












