La batalla contra los incendios en Chubut enfrenta un nuevo y desafiante capítulo. Luego de una breve ventana climática que permitió desacelerar su avance, el regreso del viento, las altas temperaturas y la sequía extrema están complicando nuevamente el trabajo de los más de 500 brigadistas que luchan en dos frentes activos de fuego. Estos incendios, que mantienen en vilo a la provincia desde diciembre, ya han arrasado aproximadamente 45 mil hectáreas de vegetación nativa, bosques implantados y campos productivos.
La situación es crítica en zonas como Cholila, donde el fuego acecha de cerca a una escuela agrotécnica de la Fundación Cruzada Patagónica, forzando a directivos y docentes a realizar tareas preventivas extremas, como el humedecimiento del perímetro, para intentar salvaguardar el edificio educativo y sus instalaciones productivas.
El pronóstico meteorológico no ofrece alivio. Se anticipan varios días con temperaturas que superarán los 30 grados y vientos constantes, factores que convierten al terreno seco en un «polvorín», según describen los especialistas. Este miércoles, de hecho, los medios aéreos no pudieron operar con normalidad debido a las malas condiciones ambientales, una baja crucial en la capacidad de ataque.
«Termina enero y estuvimos todo el mes bajo fuego», lamentó Luciana Estévez, una pobladora de la zona afectada que pudo resguardar su vivienda pero perdió gran parte de sus animales. Su testimonio refleja la realidad de muchas familias, mientras el Servicio Provincial de Incendios de Chubut advierte con crudeza: «Si no llueve pronto, difícilmente podamos detener los incendios».
Más allá del clima, los brigadistas y expertos señalan un problema de fondo que agrava la propagación y severidad del fuego: las forestaciones con pinos exóticos. Estas especies, implantadas con fines productivos, generan una gran cantidad de combustible y presentan características que los vuelven altamente inflamables.
«Existen algunos tipos de pino que alimentan el fuego de manera sorprendente», aseguran desde el operativo. Las piñas de los pinos actúan como verdaderos agentes aceleradores: al calentarse, pueden estallar y esparcir semillas a grandes distancias, expandiendo el frente de fuego. Además, tras el incendio, estas semillas tienen una tasa de germinación cercana al 90% y crecen mucho más rápido que las especies nativas, perpetuando un ciclo de vegetación más vulnerable al fuego.










