Por Frente Ambiental Kaapuera
El Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera lamenta profundamente la muerte del Papa Francisco y, en su homenaje, reivindica la encíclica Laudato Si’, publicada en mayo de 2015. Asumimos como propio y damos continuidad a su legado de inclusión social, cuidado de la naturaleza —»la Casa Común»—, espiritualidad, tolerancia y paz.
Como líder mundial de la Iglesia Católica, el Papa Francisco visibilizó con claridad sin precedentes problemas como la contaminación, el cambio climático, la escasez de agua, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad socioeconómica a nivel global. Identificó como causas el uso irreflexivo de la tecnología, el afán por manipular y controlar la naturaleza, la visión del ser humano como algo separado del ambiente, y las teorías económicas de enfoque reduccionista. Con lucidez, nos invitó a reflexionar: ¿Estamos trabajando por una cultura de destrucción total del planeta, que representa una ofensa a Dios, o por una cultura de la vida, atentos al clamor de la tierra y la súplica de los pobres?
En esa línea, defendió la igualdad de género, destacando la dignidad intrínseca de hombres y mujeres, y abogó por una «ecología integral en la vida política», con acuerdos internacionales para proteger la naturaleza y apoyar a países de bajos ingresos. Propuso «una nueva arquitectura financiera que responda a las necesidades del Sur global y de los Estados insulares gravemente afectados por desastres climáticos», junto con la «reestructuración de la deuda y una nueva carta financiera mundial para 2025», reconociendo la «deuda ecológica».
El Papa Francisco instó a multiplicar la educación ambiental, la alegría por el entorno, el amor cívico y la «espiritualidad ecológica». Promovió un estilo de vida menos centrado en el consumismo y más en valores perdurables, así como una comunión más profunda con Dios, con los demás y con la naturaleza.
Además, el Papa Francisco —argentino, sacerdote de formación jesuita— enalteció el mate, llevándolo a donde fuera y compartiéndolo, posicionándolo a nivel global. Este gesto fue un símbolo invaluable para quienes habitamos la tierra de la yerba mate, cultivo que es identidad, sustento del Pueblo Guaraní (origen de este alimento) y de miles de familias de agricultores, tareferos y cooperativas yerbateras de Misiones. Hoy, estas comunidades enfrentan una crisis sin precedentes debido a las políticas neoliberales del gobierno de Javier Milei, razón por la cual, hace apenas unos días, le enviaron una carta para dar a conocer su situación.
Al planeta se le ha muerto su santo defensor, pero cada una de sus palabras, líneas y gestos han sido —y seguirán siendo— trascendentales. Son un mandato para toda la humanidad. Su gestión humanista, profunda e integral; su humildad y valentía al abordar temas dentro y fuera de la Iglesia, incluso cuando implicaron desafiar al poder político-económico, trascendieron fronteras culturales, ideológicas y religiosas. Su legado es inmenso y constructivo, algo que agradecemos infinitamente. Como ciudadanos comprometidos con el entorno, lo abrazamos, reivindicamos y aspiramos a estar a la altura para honrarlo, multiplicando su voz.
Al Planeta se le ha muerto su Santo defensor, el Papa que instó
a cuidar la Casa Común y levantó en lo más alto al Mate argentino

(Por Frente Ambiental Kaapuera). El Frente Ciudadano Ambiental Kaapuera lamenta profundamente la muerte del Papa Francisco y, en su homenaje, reivindica la encíclica Laudato Si’, publicada en mayo de 2015. Asumimos como propio y damos continuidad a su legado de inclusión social, cuidado de la naturaleza —»la Casa Común»—, espiritualidad, tolerancia y paz.
Como líder mundial de la Iglesia Católica, el Papa Francisco visibilizó con claridad sin precedentes problemas como la contaminación, el cambio climático, la escasez de agua, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad socioeconómica a nivel global. Identificó como causas el uso irreflexivo de la tecnología, el afán por manipular y controlar la naturaleza, la visión del ser humano como algo separado del ambiente, y las teorías económicas de enfoque reduccionista. Con lucidez, nos invitó a reflexionar: ¿Estamos trabajando por una cultura de destrucción total del planeta, que representa una ofensa a Dios, o por una cultura de la vida, atentos al clamor de la tierra y la súplica de los pobres?
En esa línea, defendió la igualdad de género, destacando la dignidad intrínseca de hombres y mujeres, y abogó por una «ecología integral en la vida política», con acuerdos internacionales para proteger la naturaleza y apoyar a países de bajos ingresos. Propuso «una nueva arquitectura financiera que responda a las necesidades del Sur global y de los Estados insulares gravemente afectados por desastres climáticos», junto con la «reestructuración de la deuda y una nueva carta financiera mundial para 2025», reconociendo la «deuda ecológica».
El Papa Francisco instó a multiplicar la educación ambiental, la alegría por el entorno, el amor cívico y la «espiritualidad ecológica». Promovió un estilo de vida menos centrado en el consumismo y más en valores perdurables, así como una comunión más profunda con Dios, con los demás y con la naturaleza.
Además, el Papa Francisco —argentino, sacerdote de formación jesuita— enalteció el mate, llevándolo a donde fuera y compartiéndolo, posicionándolo a nivel global. Este gesto fue un símbolo invaluable para quienes habitamos la tierra de la yerba mate, cultivo que es identidad, sustento del Pueblo Guaraní (origen de este alimento) y de miles de familias de agricultores, tareferos y cooperativas yerbateras de Misiones. Hoy, estas comunidades enfrentan una crisis sin precedentes debido a las políticas neoliberales del gobierno de Javier Milei, razón por la cual, hace apenas unos días, le enviaron una carta para dar a conocer su situación.
Al planeta se le ha muerto su santo defensor, pero cada una de sus palabras, líneas y gestos han sido —y seguirán siendo— trascendentales. Son un mandato para toda la humanidad. Su gestión humanista, profunda e integral; su humildad y valentía al abordar temas dentro y fuera de la Iglesia, incluso cuando implicaron desafiar al poder político-económico, trascendieron fronteras culturales, ideológicas y religiosas. Su legado es inmenso y constructivo, algo que agradecemos infinitamente. Como ciudadanos comprometidos con el entorno, lo abrazamos, reivindicamos y aspiramos a estar a la altura para honrarlo, multiplicando su voz.







