Aunque el Gobierno celebre la baja de la inflación como un logro de gestión, los datos sociales cuentan otra historia. Según una encuesta nacional de la consultora Zuban Córdoba, el 63,7% de los argentinos tiene dificultades para llegar a fin de mes. Es un dato que preocupa al círculo íntimo de Javier Milei y al ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, especialmente en un año electoral donde la economía del bolsillo empieza a inclinar la balanza.
El estudio —basado en 1.400 casos— no solo pone en números el malestar social, sino que muestra cómo la recesión, la caída del poder adquisitivo y la falta de horizonte empiezan a pasar factura en términos políticos.
Más de la mitad de los encuestados (52,8%) asegura que votará en octubre “para castigar la gestión actual”. A esto se suma que el 57,5% ya tiene una imagen negativa del Presidente, mientras que el 56,8% rechaza directamente sus políticas. El relato de “estabilización” ya no alcanza frente al drama cotidiano de no poder pagar el alquiler, cubrir gastos o garantizar alimentos.
El 89,3% de los encuestados afirma que necesita “mejores sueldos”, y más del 50% dice temer por la pérdida de su empleo o ingresos. La idea de que “el ajuste lo paga la casta” se diluye frente a una realidad que castiga con crudeza a jubilados, trabajadores formales e informales, y a la clase media que se achica.
En paralelo, el 60% considera que el Gobierno está profundizando la desigualdad en Argentina, un dato que refleja la creciente percepción de que el sacrificio recae siempre sobre los mismos.
En este escenario, empieza a configurarse una oportunidad para la oposición. El 50,4% de los encuestados afirma que “probablemente apoyaría” un frente común opositor, si se presentara con una propuesta unificada. La boleta única en las elecciones de octubre puede ser la herramienta con la que los sectores disconformes hagan sentir su descontento.
En la Argentina real, donde los gráficos de PowerPoint no llenan la heladera, la economía ya está votando.










